Por IBF
Muchas cosas han cambiando desde el 18 de octubre del 2019. Un proceso
que tiene un hito clave en la elección presidencial del próximo 21 de noviembre. La otra clave está en la de
la Convención Constitucional, ambas instancias deben coincidir en una relación
fructífera. Hasta ahora el proceso político ha demostrado una especie de inteligencia
colectiva que ha sorteado diversas vallas. Se trata de consolidar y proyectar
el nuevo rumbo.
Queda poco más de un mes para las elecciones y mencionaré algunos criterios que desde mi punto de vista pueden ayudar a tomar la decisión adecuada.
Se elige un líder para conducir el país, no obstante la
política es una actividad colectiva, quien gobierna lo hace con un equipo. Debemos también evaluarlo. Es tan clave el
líder como el equipo y el programa con el que va a gobernar.
Un candidato
a presidente/a no es una estrella de
rock, ni
nuestro hombre o mujer ideal. Es el líder de un equipo de trabajo al servicio
de un país. Sin embargo no podemos negar los aspectos emocionales involucrados en la decisión de por quién votar.
Hay condicionamientos de base que nos llevan a
elegir tal o cual ideología política. La familia por ej., la clase social, la
educación etc. Mientras menos reflexiva sea nuestra decisión más refleja condicionamientos
de base, es menos libre. Una preferencia política puede convertirse en
una decisión tan emocional como la preferencia por un club de futbol. Una
democracia en esas condiciones va por mal camino.
Un voto informado y reflexivo debe tener sentido político, es decir tener claro el objetivo más importante y el modo más directo para materializarlo.
Siempre será difícil el equilibrio entre defender las ideas y la flexibilidad que exige las condiciones del momento. Encastillarse o servir de frontón a los golpes del oponente o a las preguntas de los/as periodistas no me parece la mejor respuesta política, se requiere un amplio espectro de recursos para sortear los ataques del adversario.
Todos los líderes y sectores políticos que me son afines han cometido errores desde la revuelta de octubre hasta la pandemia. Sin embargo no hay que quedar atrapado en la critica de esos errores y apostar por su superación en el tiempo que viene. Hay que tomar una decisión y votar el 21 de noviembre con sentido de futuro.