Por IBF
( Más allá de una opinión en
Facebook)
En este
periodo post plebiscito, ha surgido el
debate acerca de los 2/3 para aprobar lo que debe quedar en la nueva
Constitución. El punto de partida ha sido el proyecto presentado por
algunas parlamentarias.
Aprovechando
la energía que hay en las redes sociales
me motivé a hacer un par de comentarios,
sin embargo intentaré explicarme un poco más.
°°°
Luego del Despertar de octubre de 2019 y la
evidencia de que una enorme parte de la población estaba de acuerdo con la
protesta, el parlamento se vio forzado a buscar un cauce a esa fuerza social y
darle expresión institucional, generando el Acuerdo para consultar al pueblo acerca de una nueva constitución.
El Acuerdo estableció la ruta para el
cambio y los 2/3 de quórum para aprobar lo que deba quedar en la futura constitución. He aquí un serio problema
del cual parece que acabamos de ser conscientes. Antes primó el hecho benéfico
de poder dar curso al proceso plebiscitario. Desde el 25 de Octubre del 2020 por muy útil que haya sido el Acuerdo hay un nuevo hecho
político que lo supera y subordina, el resultado del plebiscito. Sobre las consecuencias de ese resultado se ha
meditado poco. Los políticos y los parlamentarios en particular deben ponerse a disposición de la nueva realidad.
A mi juicio
el mayor mérito del Acuerdo es permitir la expresión electoral la que toma el relevo y se convierte a partir del contundente
resultado en rectora de lo porvenir. El acuerdo del 15N queda entonces como puente provisorio entre dos expresiones
populares innegables El Despertar de
Octubre y el plebiscito. Otra cosa
es que los parlamentarios no lo
acepten y reduzcan sus alcances para seguir
determinando lo que deban hacer los constituyentes que como si fuera poco estarán recién electos. El 79% ya les dijo a los parlamentarios con
abrumadora claridad: No
intervengan a partir de ahora.
El mandato directo de la elección de convencionales es construir una Constitución, sin embargo tal como están las
cosas si nadie logra 2/3 la Constitución será mínima u obvia porque sólo
quedará lo más sencillo de acordar y lo principal, lo central quedará
postergado para cuando la decisión vuelva a recaer en el parlamento que por
mayoría simple podrá aprobar una ley o
la contraria. Es decir los 2/3 incitan a
formular una Constitución débil y como consecuencia puede dar paso a un periodo político inestable.
Todo lo
anterior a menos que un sector logre los 2/3.
Eso es difícil porque sabemos que hay otros condicionantes en esta nueva
elección: La ya conocida disputa entre independientes y partidos, los distritos
y en particular la elección de individuos en sí misma es menos nítida que la
que se hace en un plebiscito. Habrá travestismo y Caballos de Troya. Eso ocurre siempre en política y no habrá excepción. El dinero
una vez más puede pesar demasiado.
Del lado ciudadano veremos en qué medida se pueden superar esos peligros y si una especie de “inteligencia colectiva” puede alcanzar en este breve periodo antes de abril a proveer por ej. Desde cabildos y partidos candidatos de trayectorias probadas a La Constituyente. Desde ya cualquier forma de asociación para impulsar la tarea es un aporte.
Fuera de los puntos principales, el acontecer político tiene su lado incidental y superficial. La maraña de opiniones va ocultando los hechos, con malas y también buenas intenciones. La lógica argumental decae, se evidencia la cultura de club o de lote desde partidos y medios, los prejuicios y las descalificaciones abundan. Sin embargo la acción política es contraria a la depresión y está bien expresarse en redes sociales creando ambiente, porque son temas que necesitamos pensar entre todos, lo que también implica arriesgarnos a cambiar de opinión.