
Por Paulina Contreras
Magíster en Psicología Educacional,
docente e investigadora de política educativa y cultura escolar en la U. de Chile.
Una vez me regalaron un embudo plegable. Un diseño moderno y original, parecía práctico y útil. Sin embargo, por más que intenté usarlo, el bonito embudo resultó ser muy poco práctico y terminó olvidado en un cajón de la cocina. Así terminan también los resultados del Simce en las escuelas, por más esfuerzos que hacen los profesores para darles sentido. Año a año, las escuelas realizan extensas reuniones donde los profesores intentan descifrar los números, tablas y figuras que les hace llegar la Agencia de la Calidad, quienes hacen un esfuerzo loable, pero infructuoso, intentan hacer amigables y comprensibles los números que arroja esta prueba estandarizada. A pesar de la voluntad de los equipos docentes de las escuelas, el análisis del Simce apenas les permite enterarse de que sus alumnos tienen un pobre desempeño en tal o cual área, pero eso nada les dice acerca de qué hacer al respecto.