miércoles, 14 de octubre de 2020

Social Democracia vale, pero ¿cuál?

 Por Ignacio Barrientos F.


 Se ha  reanimado la discusión acerca  del significado y alcance  de la socialdemocracia.  El artículo de Noam Titelman publicado por CIPER  puede ser un buen resumen del tema.

De mi parte sólo puntualizar un par de cosas.

El término social demócrata ha vuelto a ser reivindicado en tiempos de crisis económica, ecológica y de pandemia.  Se ha vuelto a pensar en la eficacia de un ente centralizado u orgánico como el Estado que se haga responsable de decisiones críticas que afecten a todo un país.  El Estado necesita tener las herramientas que le permita cumplir esas tareas que las entidades de tipo privado no logran llevar adelante.

Desde 1980 llevamos 40 años de extremo economicismo liberal que han agravado los problemas de sociedades y países hasta el límite.  Ahora tenemos la oportunidad de construir un proyecto de cambio.

¿Pero qué entendemos por socialdemocracia? ¿Qué conocemos por socialdemocracia?  En Chile hemos tenido la experiencia de los gobiernos Radicales  y Demócrata Cristiano y tb. La experiencia de la Concertación. No es este el artículo para tratar in extenso las complejidades de esas experiencias. Lo que puedo decir es que el reformismo Concertacionista de baja intensidad, que a la par extiende el modelo ya no se ajusta a  estos tiempos de necesidades y urgencias eco-sistémicas. Si se trata de dar una respuesta socialdemócrata a la crisis no es la variante  surgida luego de la caída del Muro, la llamada tercera vía,  la que puede lidiar con esto por el simple hecho de que ya estamos en otro momento histórico.

Podemos tener como referentes  al modelo nor-europeo  al alemán o al neozelandés  teniendo  a la vista sus resultados, pero no a la privatizadora tercera vía de Tony Blair, Felipe González o Ricardo Lagos. Al respecto Felipe González hace tiempo  se declaro ya  no socialista sino “social-liberal”,  para a continuación  sentarse en directorios de grandes empresas.

No es el momento de conservar sino de crear. Es también el momento de dejar de lado tradiciones políticas (nuestros clubes de toda la vida) y es necesario distinguir los afectos del pasado de la  racionalidad política necesaria para abrirse al actual desafío.