Por Ignacio Barrientos F.
Se ha reanimado la discusión acerca del significado y alcance de la socialdemocracia. El artículo de Noam Titelman publicado por
CIPER puede ser un buen resumen del
tema.
De mi parte
sólo puntualizar un par de cosas.
El término
social demócrata ha vuelto a ser reivindicado en tiempos de crisis económica,
ecológica y de pandemia. Se ha vuelto a
pensar en la eficacia de un ente centralizado u orgánico como el Estado que se
haga responsable de decisiones críticas que afecten a todo un país. El Estado necesita tener las herramientas que le
permita cumplir esas tareas que las entidades de tipo privado no logran llevar
adelante.
Desde 1980 llevamos
40 años de extremo economicismo liberal que han agravado los problemas de
sociedades y países hasta el límite. Ahora tenemos la oportunidad de construir un
proyecto de cambio.
¿Pero qué entendemos por socialdemocracia? ¿Qué conocemos por socialdemocracia? En Chile hemos tenido la experiencia de los gobiernos Radicales y Demócrata Cristiano y tb. La experiencia de la Concertación. No es este el artículo para tratar in extenso las complejidades de esas experiencias. Lo que puedo decir es que el reformismo Concertacionista de baja intensidad, que a la par extiende el modelo ya no se ajusta a estos tiempos de necesidades y urgencias eco-sistémicas. Si se trata de dar una respuesta socialdemócrata a la crisis no es la variante surgida luego de la caída del Muro, la llamada tercera vía, la que puede lidiar con esto por el simple hecho de que ya estamos en otro momento histórico.
Podemos
tener como referentes al modelo
nor-europeo al alemán o al neozelandés teniendo
a la vista sus resultados, pero no a la privatizadora tercera vía de Tony
Blair, Felipe González o Ricardo Lagos. Al respecto Felipe González hace tiempo
se declaro ya no socialista sino “social-liberal”, para a continuación sentarse en directorios de grandes empresas.
No es el
momento de conservar sino de crear. Es también el momento de dejar de lado
tradiciones políticas (nuestros clubes de toda la vida) y es necesario
distinguir los afectos del pasado de la racionalidad política necesaria para abrirse
al actual desafío.